Desde la ermita de la Virgen de las Nieves de Puebla de Lillo sale el camino hacia Redipollos, en la margen izquierda del Porma y a apenas dos kilómetros de la capital del municipio. El centro del pueblo es la plaza de la Picota, de nombre claramente medieval y justiciero, de la que parten las tres calles que forman el caserío. Cuentan Matías Díez Alonso y Olegario Rodríguez Cascos que en Redipollos el río Bueno se une al arroyo Cascajal para formar el río Malo.
La abundancia de agua y la riqueza de sus pastos hicieron que en la Edad Media los grandes monasterios leoneses, incluido el de Sahagún, codiciaran Redipollos. Al final fue el obispo de León quien se quedó con él durante siglos. Desde el castillo de Redipollos se cobraba el portazgo a los ganados que subían a los puertos, un impuesto que no se abolió hasta el siglo XIX.
De aquellos enfrentamientos queda la iglesia de San Bartolomé, de cierta belleza arquitectónica y con algunas tallas de valor artístico. En el pueblo hay también casas solariegas con escudos.