Puebla de Lillo ha sido durante siglos lugar de paso entre la Meseta y el Cantábrico, y eso se nota en su patrimonio: torreones y castillos que controlaban los puertos, hospitales para los peregrinos que iban a Oviedo y a Santiago e iglesias levantadas por los vecinos cuando consiguieron gobernarse a sí mismos.
Patrimonio
- El torreón de Puebla de Lillo, del siglo XIV, de los condes de Luna, hoy Casa del Parque. Más en Puebla de Lillo.
- La ermita de la Virgen de las Nieves, del siglo XVIII, entre el barroco y el neoclásico, a la entrada de Puebla de Lillo.
- El arco del hospital de peregrinos de Puebla de Lillo, junto a la iglesia parroquial, y los restos del hospital del Santo Sepulcro en los caseríos de San Isidro.
- La iglesia de San Adriano de Cofiñal, del siglo XVIII, con su espadaña, su pórtico y su retablo barroco, y las casas indianas del pueblo. Más en Cofiñal.
- La iglesia de San Bartolomé y la plaza de la Picota de Redipollos.
- La iglesia de San Pedro, la ermita de la Virgen del Camino y la Peña del Concejo de Solle.
- Las trincheras y fortines de la Guerra Civil, como el Fortín de Alboleya, junto al Lago de Isoba.
Oficios
La ganadería ha sido siempre el gran oficio de estos valles: los rebaños de los monasterios y de la Mesta subían cada verano a los puertos, y hoy explotaciones modernas mantienen viva la tradición y elaboran cecinas, jamones y chorizos. Los arrieros de Puebla de Lillo recorrían el reino con privilegios reales; el bosque daba leña y madera, y en el siglo XX las minas de talco dieron trabajo a muchos vecinos. Más en Historia y gentes.